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Tomando prestado de un ruso, ya esclavo de la era angloamericana de las máquinas, todo lo que saben o utilizan sobre la demencia, los autores de nuestra era industrial han encontrado fronteras y límites a su propia conquista en la “limitación humana”. La incapacidad humana ha puesto techo a la altura que puede alcanzar el hombre en el espacio, a la cantidad de tecnología que puede absorber una raza salvaje y, menos románticamente, pero de forma mucho más práctica, a la eficiencia de una oficina empresarial.
El hombre está en problemas. Ha inventado un callejón sin salida para sí mismo. Cuanto más eficiente es su maquinaria, más torpe se vuelven su mente y su conducta.
Es tarea nuestra igualar el avance de las ciencias de la máquina con un avance comparable en las humanidades. Lo hemos hecho en Scientology.
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